Hormonas en los alimentos: percepción versus evidencia científica

Hace unos días, mientras conversaba con una amiga, surgió un comentario que está surgiendo recientemente: “Los hombres de ahora tienen menos testosterona porque comemos mucha carne que contiene hormonas”.

La afirmación despertó mi curiosidad porque mezcla tres asuntos diferentes: la posible disminución de testosterona en los hombres, el uso de hormonas en la producción pecuaria y la exposición a residuos hormonales presentes en los alimentos.

¿Qué nos dice la ciencia?

¿Realmente los hombres de ahora tienen menos testosterona?

Algunas investigaciones han identificado una disminución de las concentraciones promedio de testosterona masculina durante las últimas décadas. Por ejemplo, Travison y colaboradores (2007), en un estudio realizado en Estados Unidos, encontraron una disminución. Sin embargo, no todos los estudios han encontrado la misma tendencia. Algunos factores como la obesidad, las alteraciones metabólicas, algunas enfermedades y determinados medicamentos pueden influir en las concentraciones de testosterona.

Existen indicios de cambios en la testosterona masculina en algunas poblaciones, pero no se ha demostrado que sean consecuencia del consumo de carne.

¿La carne contiene hormonas?

Sí, y esto es completamente natural.

Los animales, al igual que los seres humanos, producen hormonas que regulan funciones como el crecimiento, el metabolismo y la reproducción. Por ello, la carne puede contener pequeñas cantidades de estradiol, progesterona y testosterona, incluso cuando el animal nunca ha recibido tratamientos hormonales.

La presencia de estas sustancias no significa necesariamente que el alimento represente un riesgo para la salud.

¿Se utilizan hormonas para producir carne?

Sí, pero depende del país, la especie animal y el sistema de producción.

En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autoriza determinados implantes hormonales para promover el crecimiento de bovinos y ovinos. En México la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, también permite el uso de sustancias anabólicas. Estos tratamientos mejoran la conversión de nutrientes a carne, por esta razón, los animales tratados con estos productos, ganan peso eficientemente.

Sin embargo, no todos los animales destinados al consumo reciben hormonas, ni todos los países permiten su utilización. La Unión Europea, por ejemplo, los prohíbe.

¿Cuánta hormona contiene realmente la carne?

Algunas estimaciones de actividad estrogénica presentan la siguiente comparación:

(1 nanogramo es la milmillonésima parte de 1 gramo) 









Estas cifras son ilustrativas; no representan mediciones universales de estradiol ni necesariamente las concentraciones de toda la carne comercializada. Las autoridades evalúan los residuos hormonales considerando las cantidades presentes en los alimentos y la exposición del consumidor. Para determinadas hormonas naturales, también considera su producción endógena en el organismo humano.

¿Las hormonas de la carne pueden disminuir la testosterona masculina?

No existe evidencia científica convincente que demuestre que el consumo habitual de carne procedente de animales tratados con implantes hormonales sea responsable de una disminución de testosterona en los hombres.

Esto no significa que deba abandonarse la vigilancia de residuos. Significa que debemos distinguir tres cuestiones: que una sustancia tenga actividad hormonal, que una persona esté expuesta a ella mediante los alimentos y que esa exposición sea suficiente para producir una alteración endocrina.

La testosterona está regulada por un complejo sistema endocrino y puede modificarse por factores como la edad, la obesidad, las enfermedades metabólicas y ciertos medicamentos. Por ello, atribuir los cambios hormonales masculinos al consumo de carne es una conclusión que la evidencia disponible no permite sostener.

¿Qué podemos hacer como consumidores?

Debemos adquirir carne procedente de establecimientos confiables (por ejemplo, con certificación Tipo Inspección Federal TIF) y exigir el cumplimiento de las buenas prácticas pecuarias y de la regulación sobre medicamentos veterinarios. La vigilancia sanitaria y el control de residuos son componentes esenciales de la inocuidad alimentaria.

Para reflexionar...

Sabemos que la carne contiene hormonas naturales, que algunos sistemas de producción utilizan promotores hormonales y que ciertos estudios han observado cambios en las concentraciones de testosterona masculina.

Lo que no se ha demostrado es que estos fenómenos estén conectados mediante una relación causal.

La inocuidad alimentaria no consiste en afirmar que cualquier sustancia detectable es peligrosa, ni en asegurar que todas las exposiciones son inofensivas: consiste en evaluar los peligros y riesgos mediante evidencia científica.


Referencias

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